La necesidad de mantenerse en la fe
Después de anunciar que los irá a ver pronto, pasa a darles una serie de exhortaciones que tenía en el corazón.
Hacía falta que se mantuvieran firmes (1:27-30)
Aun cuando estaban firmes, hacía falta que vigilaran, como había advertido a los corintios: “el que piensa estar firme, mire no caiga” (1Co 10:12). La vida cristiana es una vida de lucha por la fe, en la cual todos los miembros de la iglesia local han de estar unánimes: “unánimes combatiendo juntos por la fe del evangelio”.
Es normal, pues, que tuvieran adversarios, que a sus ojos eran muy poderosos, pero esto no los había de asustar en nada. Su actuación era la evidencia de su perdición, así como el sufrir esta oposición era una evidencia de su salvación. El sufrir por Cristo era un privilegio del que Pablo disfrutaba en aquellos momentos en Roma encarcelado, y del cual ellos disfrutaban en la lucha que mantenían en Filipos por la fe del Evangelio.
Hacía falta continuar pensando lo mismo (2:1-4)
Por las palabras de Pablo, parece que se estaba abriendo una rendija en la unanimidad de los filipenses por la presión de la lucha y el sufrimiento por el Evangelio. Teniendo presente esto, Pablo destaca la centralidad de Cristo y del Espíritu en la experiencia cristiana: amor, comunión, compasión, misericordia… Y, haciéndolos recordar el amor que le tenían, les pide que completen su gozo cerrando la rendija que se había abierto en la unanimidad: “que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”.
Este hecho lo ejemplifica más tarde, al capítulo 4, en la exhortación que hace a Evodia y Síntique, dos obreras cristianas de Filipos (4:2).
El ejemplo de Cristo (2:5-11)
Pablo no deja de hablar de Cristo a lo largo de toda la epístola, ya sea de una manera directa, como aquí, o indirecta. Cristo es siempre el modelo perfecto, el centro de atención y devoción de todo cristiano: su persona y su obra.
En estos versículos, Pablo hace una exposición doctrinal profunda, y es que la doctrina es fundamental. Con todo, la doctrina siempre la debemos considerar teniendo presente sus implicaciones prácticas, como vemos que él hace aquí, porque la sana doctrina debe hacernos llevar vidas santas.
Cristo-Jesús era el modelo para entender cómo debían “pensar”, y la consideración atenta y reverente de su venida redentora debía hacerles esto clarísimo. La primera referencia habla de como Cristo-Jesús pensó “siendo en forma de Dios” por hacerse “semejante a los hombres”, por encarnarse. La segunda, habla como mantuvo aquella manera de pensar “en la condición como hombre”, por humillarse “a si mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”, muriendo por nosotros en la cruz del Calvario.
El camino de humillación que Cristo-Jesús recorrió, que lo trajo a la muerte redentora, es el mismo camino que después lo llevó a la presencia del Padre con su humanidad glorificada, dónde “lo ensalzó a lo sumo, y diole un nombre que es sobre todo nombre”, ahora y por la eternidad.
Hace falta desarrollar la propia salvación (2:12-18)
La única manera de mantenerse es ir hacia adelante, puesto que la vida cristiana no es una realidad estática, sino una realidad en constante movimiento y renovación. Por esto Pablo manda a los filipenses que se ocupen en desarrollar su salvación, cada cual de manera particular, y todos juntos colectivamente. Dios es el que hace tanto el querer como el hacer, pero ellos debían dejar que el Señor llevara a cabo los objetivos de la salvación en su vida para ser luz en el mundo.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
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