sábado, 6 de septiembre de 2008

GÁLATAS 5 y 6

Sobre la libertad cristiana

Introducción a la libertad cristiana (5:1)
La analogía de Agar y Sara, presentada en el capítulo anterior, introduce el tema de la libertad cristiana, ya que acaba el capítulo diciendo a los hermanos que eran hijos "de la libre". Ahora afirma que Cristo nos hizo libres, ya que "nos redimió de la maldición de la ley" (3:13), y que nos tenemos que mantener firmes en esta libertad. Nuestra vinculación con Cristo asegura que nos mantengamos en la auténtica libertad. Que vivamos como libres espiritualmente o bajo el yugo de la esclavitud es responsabilidad nuestra. Las instrucciones de Pablo son bien claras: "Estad... firmes" y "no volváis otra vez a ser presos"; y piden respuestas también bien claras.

Un peligro para la libertad cristiana (5:2-12)
El peligro era real y grave, ya que la conducta externa podía ser la evidencia que algunos de ellos no se habían apropiado de la obra redentora de Cristo. Circuncidarse, en aquellas circunstancias, equivalía a rechazar los beneficios de Cristo, estar separado de Cristo y haber caído de la gracia. La razón era clara, ya que quería decir que habían optado por justificarse en la ley.
En oposición a los judaizantes, los cristianos tenían su esperanza en la justicia por la fe, la circuncisión no tenía ninguna fuerza, sino la fe obrando a través del amor.
La situación en Galacia era clara, los creyentes habían estando corriendo la carrera cristiana bien, cuando a unos recién llegados los había puesto estorbos en su carrera, pero Pablo tenía confianza en ellos en el Señor. No habían vigilado, no habían observado la doctrina de la separación, y ahora tenían el mal entre ellos; los judaizantes, a pesar de ser pocos, habían tenido libertad para actuar como aquella pizca de levadora que fermenta toda la masa; pero no quedarían sin juicio de parte del Señor (vv. 10, 12).

El Espíritu Santo y la libertad cristiana (5:13-26)
Cristo ha hecho libres a los creyentes, y nos ha llamado a vivir en esta libertad. Un peligro eran los judaizantes, que les querían hacer vivir oprimidos nuevamente bajo el yugo de esclavitud; pero también había otro, malentender la libertad cristiana y transformarla en libertinaje, dando ocasión para la carne. La libertad cristiana implica libertad para servir a los otros, sirviendo al Señor; para servir a los otros por amor y no por obligación, no para vivir para uno mismo. En última instancia, la ley había sido sintetizada, además del hecho de amar a Dios sobre todas las cosas, en amar al prójimo como uno mismo (v. 14 comp. Lv 19:18).
Las doctrinas equivocadas nunca pueden producir vidas santas, y eso se estaba haciendo evidente entre las iglesias de Galácia. El enfrentamiento entre los gálatas era tan grave, que Pablo lo describe con las palabras: morderse, devorarse y consumirse. Por aquel camino, su propia carnalidad, y no la heterodoxia, haría que el Señor sacara el portalámparas del testimonio en aquella región (Ap 2:5).
La libertad que Cristo les había dado, y que ellos tenían que mantener firmemente, implicaba andar en el Espíritu para así no satisfacer el deseo de la carne (v. 16). No tenían que olvidar que el Espíritu y la carne estaban en total oposición, y que la evidencia que no estaban bajo la Ley era ser guiado por el Espíritu.
Pero Pablo quiere dejar claro de qué está hablando. Es evidente cuáles son las obras de la carne: adulterio, fornicación, impureza, lascivia, idolatría, brujería, enemistades, riñas, celos, iras, rivalidades, divisiones, partidos, envidia, homicidios, embriaguez, glotonerías... son algunas de ellas, aunque el detalle no les agota, como lo vemos por las palabras y "cosas semejantes a éstas" (vv. 19-21). Es la manera de actuar de los hombres incrédulos, y si alguien de ellos vive de esta manera está evidenciando que no es un redimido.
Pero aquéllos que tienen el Espíritu en ellos, los verdaderos redimidos, evidencian de alguna manera su fruto en sus vidas. El fruto del Espíritu es uno solo, aunque tiene muchas facetas, como las piedras preciosas, y con el tiempo se hace mayor y es mejor. Este fruto incluye amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (vv. 22-24).
Ser cristiano, ser de Cristo, implica necesariamente haber crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Ésta es una realidad interior, que tiene que manifestarse en una conducta cristiana: "andemos también en el Espíritu".

Como hacer uso de la libertad cristiana entre los hermanos (6:1-10)
En la aplicación de la disciplina (vv. 1-5). Pablo describe como se debe actuar delante de un hermano que ha cometido un acto de pecado, no uno que vive en pecado. En primer lugar indica que toda actuación hacia un hermano que ha pecado tiene como objetivo "restablecerlo" a la comunión con Dios y con la asamblea, éste es el objetivo de la verdadera disciplina eclesiástica. Para actuar adecuadamente hace falta ser "espiritual", que por el contexto quiere decir andar en el Espíritu, sin pecado y bajo la guía del Espíritu. Enfatiza específicamente uno de los aspectos del fruto del Espíritu: "espíritu de mansedumbre", aunque menciona otros al decir que se tiene que hacerse sin soberbia, vigilándose a uno mismo para no actuar igual. Los hermanos están para ayudarse, para compartir las cargas, y no para hundirse uno a otro.
Con respecto a aquéllos que nos enseñan la Palabra (v. 6). Los obreros cristianos no tienen que pedir nada para llevar a cabo su tarea, pero aquéllos que se benefician de su trabajo tienen la obligación delante del Señor de hacerlos participantes de sus bienes. El texto habla específicamente de ayudarlos económicamente, pero no excluye el reconocimiento de los beneficios espirituales recibos, de interesarse por ellos y de ayudarlos en oración. De eso somos responsables delante de Dios (vv. 7-8).
Haciendo bien a todo el mundo (vv. 9-10). Somos libres para hacer el bien a todo el mundo, pero nos tenemos que interesar en primer lugar por los que son de la familia de la fe. En nuestras prioridades debe figurar ayudar a los hermanos, y si podemos también los que no son creyentes.

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