A punto de acabar la epístola, como lo evidencia cuando dice "finalmente", hay dos hechos que llevan a Pablo a no hacerlo: el problema de los judaizantes, y las discrepancias entre Evodia i Síntique.
Firmeza frenta a los perros (3:1-4:1)
Las palabras de Pablo revelan que diez años después de la Asamblea de Jerusalén, los judaizantes todavía estaban vivos y activos, es más, estaban llegando en Macedonia, o a punto de hacerlo. Eran palabras de advertencia, con las que los exhortaba a estar vigilantes frente a aquéllos impuros, tanto de sus enseñanza como de sus prácticas. La argumentación que Pablo da es doble:
- afirmando que ellos eran la circuncisión, que era la señal del pacto de Dios con Israel, quería indicar que los cristianos somos el verdadero pueblo de Dios en la actual dispensación.
- poniéndose él mismo como ejemplo, muestra la inutilidad de la religión judía para la salvación, evidencia que la vida cristiana es un camino de perfección centrado en la persona de Cristo, y describe qué significa caminar de esta manera.
Problemas entre obreros (4:2-3)
La otra cosa que Pablo no quería dejar de tratar era las discrepancias existentes entre Evodia i Síntique, dos obreras de la Iglesia de Filipo.
Pablo exhorta a pensar lo mismo de una manera recurrente a lo largo de la epístola, ya que el daño que no hace la heterodoxia entre aquéllos que se mantienen en la ortodoxia doctrinal, lo puede hacer la desunión entre los miembros de la iglesia local, especialmente si ésta se produce entre los hermanos y hermanas con más responsabilidad espiritual. El receptor primario de esta carta, uno de los supervisores o el mismo Epafrodito, las tenía que ayudar a resolver este problema que había entre ellas, y que ya era de conocimiento público.
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