Una vez tratados estos dos asuntos, Pablo vuelve a las exhortaciones finales, antes de despedirse; se hace evidente por la nueva referencia a alegrarse en el Señor (3:1a comparar con 4:4). Alegrarse en el Señor era algo que hacía falta mantener en todo momento y bajo cualquier circunstancia; y que habían de aprender.
Pero añade otras exhortaciones a aquella, a:
- vivir de tal manera que su modestia fuera conocida por todos,
- recordar la proximidad del retorno del Señor,
- no afanarse por nada,
- vivir al amparo de la paz de Dios,
- ocupar el pensamiento en todo aquello que merece la pena,
- la necesidad de practicar lo que conocían.
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